sábado, 11 de enero de 2014

Imagina si no lo hubiese pensado

Cientos de días después, la guerra ha terminado y como en toda batalla que se precie, aquí nadie ha ganado.

Mi cabeza es un lugar caótico, ahora más que nunca, en el que todo gira sin parar tan siquiera un instante, en el que todo se plantea, replantea, formula y se vuelve a reformular. En un exceso más que evidente que desgastaría por completo a cualquiera.

Tal vez deba ser así.

Me han hecho preguntas cuestionables, más o menos respetables y algunas hasta ofensivas, pero de todas me quedo con: ¿Cómo te gustaría verte en el futuro?

Con una seguridad total podría aseverar que soy un romántico de los que ya no quedan. Me veo como un piloto sin coche, un jinete sin caballo, un rey sin reino, un caballero que tiene la seguridad de que no existe ya un honor a su medida, un herrero que no cree en la fuerza del martillo ni en el calor del fuego, que ahora hielan. 

Un pobre idiota que ha perdido toda esperanza de encontrar una ilusión más allá de su cuerpo.
Sin embargo me gustaría verme en la situación asquerosamente empalagosa de levantarme más temprano para preparar un desayuno que llevar a una cama, de no necesitar ningún cumplido porque con esa sonrisa me valga. Esa gilipollez que tanto os prometéis que dure y tan pronto desaparece, una y otra vez repetida hasta el infinito.

No tiene nada que ver como me gustaría, con como crea yo que vaya a verme: Me veo solo, rodeado de individuos, de amigos de Facebook, de seguidores del Twitter que más esté de moda en esa época, con mil y una fotos y demás recuerdos de lo que pudo haber sido y no fue, de reproches y pérdidas parciales y totales de tiempo, de nervios, de esperanza y falta de sueño. Y sueños. Trozos por doquier por todo el suelo, pedazos de pasajes de mi vida que repetiría y no al mismo tiempo por ser lo más parecido a aquello, a la suprema idiotez de haberme atrevido.

Más trágico que mil Titanics, que cuatrocientos cincuenta Hamlets uno detrás de otro, cada uno más amargo que el anterior pero que duele menos, porque ya conoces el final, la solución del acertijo, la hoja del crucigrama del revés de una vida vacía desde un principio.

No me veo sonriendo por nada ni nadie, porque aquél frío se llevó mi Navidad, mi primavera, y las estaciones de cercanías y larga distancia me arrastraron todavía más lejos.

Aquél día el que se hundió en el Océano fui yo porque, al parecer, tampoco había sitio sobre la tabla para los dos.

"It is not in the stars to hold our destiny but in ourselves." 
William Shakespeare

jueves, 8 de agosto de 2013

Maneras de vivir

Desde siempre he vivido obsesionado por el futuro idóneo y, sobre todo, por el camino a seguir hasta llegar a él.

Nunca he dudado que ése no fuese el más fácil ni tampoco el más directo. No he buscado atajos, sólo he mirado por mi propia estabilidad y tratado de impedir cualquier vulnerabilidad humana y esperable, por el medio más eficaz: evitar todo contacto, toda sensibilidad y apego, menospreciando las relaciones y condenando a los relacionados.

Es triste, pero también infalible. Si no tienes una mascota no llorarás su pérdida al sobrevivir a ella, de igual manera no sufrirás dolor alguno en una ruptura si no te arriesgas a intentarlo. 

Es cobarde, pero insisto, infalible. Poner cada una de esas relaciones en tela de juicio, observar detenidamente y no encontrar una referencia de garantía, reír ante la facilidad de la infidelidad que campa a sus anchas en nuestra sociedad sin escandalizar a nadie. ¿Es justo generalizar? Por supuesto que no, pero sí que ayuda a tranquilizar a una mente inquieta que necesita de la desgracia ajena para justificar su propia soledad.

La mayor parte de mi vida ha transcurrido con los esperables altibajos de un entorno inadecuado. Con la promesa de mantenerme lo más alejado posible de ser influenciado por los -malos- ejemplos de alrededor, tratando de evitar a toda costa una dudosa semejanza con esos ilustres inútiles que viven porque tienen vida, sin mirar por ellos ni por quienes en ellos confían. Todo ésto hasta llegar al punto de verme como una isla perdida en mitad del océano.

Por aquella isla pasó un día un barco que se paró a varios kilómetros para evitar quedar encallado, un barco cargado de ideas nuevas y nunca imaginadas por aquél lugar dejado de la mano de Dios. El problema está en la naturaleza de una isla perdida, que aunque haya momentos en los que parezca ser encontrada su lugar está en medio de ninguna parte, y así es como debe de seguir siendo.

De poco sirve el bote salvavidas que va a parar a su playa, por mucho que agradezca la visita nunca podría ser definitivo, está pensado para no durar. Quizá no sea justo pintarlo así, quizá la isla no es tan grande ni el bote tan pequeño, sino todo lo contrario. 

Ahora que lo pienso, lo único claro es que el bote era salvavidas, porque si no fuese por ella seguiría todavía perdido. Y sólo por ella sería capaz de pasar noches en vela, da igual si en la playa o en alta mar, porque juntos me sobra todo.

No hay compromiso porque no hay futuro juntos, ni idóneo ni desastroso, simplemente no lo hay. Y ese recuerdo, con su ligero gusto amargo se desvanece por convicción, de que somos lo que mejor podemos ser: los mejores amigos del mundo.

"La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea." 
Alberto Moravia

miércoles, 5 de junio de 2013

Antiguo esbozo

"Me enamoré de la vida, es la única que no me dejará sin antes yo hacerlo." 
Pablo Neruda

miércoles, 29 de mayo de 2013

Diferencia

El frío del silencio, que te invade, que te oprime el pecho, que te desaconseja respirar.

Entre mis filias y tus fobias hay un mar de dudas en el que desembocan mis noches sin dormir y todos mis sueños, porque no puedo evitar que sea así. Sueños cada día más ligeros, preludios cada vez más largos, deseos y hechos entremezclados. Incapacidad para discernir la ficción de la realidad y, lo mejor de todo, no darle importancia.

Porque parece estar todo menos ordenado que normalmente y un servidor a cada segundo más indiferente.

"A veces, la indiferencia y la frialdad hacen más daño que la aversión declarada." 
J. K. Rowling

sábado, 18 de mayo de 2013

Perdido

Por el desierto de mis dudas, dónde el único rumbo a seguir se basa en caminar en círculos.

Mirar al frente y no vislumbrar nada en el horizonte, ni un triste espejismo que evite pensar que más allá nunca habrá nada. Porque realmente así es, así está siendo, y así debe ser.

Es la triste historia de un nómada que detestaba las alucinaciones hasta que un día deliró.

Pero aquello fue una y no más.
"El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida." 
Federico García Lorca

jueves, 2 de mayo de 2013

Normalidad

Que en sí misma es de todo menos normal.

Con sus puñaladas matutinas, sus desvelos y sueños ligeros que se rompen al más mínimo movimiento. 

Comenzar el ciclo habitual:

La ansiedad de la caída de la noche, el frío de la soledad. Nada es como antes, es inútil engañarse.
Preferir no haber sabido, desear la ignorancia, la liberación de todas las cargas.
Fingir, actuar, aparentar, mentir... romper a llorar.
Llenar un agujero sin fondo, sentir que no puedes más.
Sacar de lo más profundo fuerzas para una penúltima sonrisa. 
Prometer que todo va bien, que ya no habrá más.

Y vuelta a empezar.
"Recordar es la mejor forma de olvidar." 
Sigmund Freud

viernes, 5 de abril de 2013

Frío

Como las últimas coleadas de un invierno en plena primavera, en mitad de la intemperie de la realidad y los recuerdos de lo que nunca fue y podría haber sido. De la oscuridad y sus miedos, sus reproches, su inquietante sonrisa que hace pensar que el plan siempre fue así, y así ha ido.

Hablo de las necesidades creadas de la nada pero que parecen haber llegado para quedarse. De la anodina normalidad humana que arrasa por donde pasa, sin dar explicación alguna, cobrándose todas y cada una de las palabras escritas a destiempo, revolviendo lo más profundo del cajón de lo visto, dicho y vivido, querido y odiado, amado y detestado. Pesando un millón de soles en un rincón del corazón que nunca tuve y que quiso comenzar a sentir de repente.

Valiente estúpido, valiente ignorante con ganas de probar la ruina de los mortales, aún sabiendo que la amargura siempre acompañaba a los finales. Nunca confiaste en llegar a tal medida hasta que no la tuviste encima. El principio del fin, el final del principio, el atardecer pensado pero no esperado, la realización de los miedos más hablados.

El escalofrío que sube hasta la nuca y se pierde en algún lugar de la cabeza. Que recuerda estar vivo, por suerte o por desgracia, y que puedes seguir chocando contra muros bien asentados en un intento de rellenar un hueco antes inexistente o dedicarlo todo al sabio arte de la negación de lo evidente.

Y es que, amigos míos, aquí no ha pasado nada.

"¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?" 
Pablo Neruda